Presentación

De Protopia

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Asalto al Hades, El

La estructura caracterológica del hombre actual (que está perpetuando una cultura patriarcal y autoritaria de hace 4 a 6 mil años atrás) se caracteriza por un acorazamiento contra la naturaleza dentro de sí mismo y contra la miseria social que le rodea. Este acorazamiento del carácter es la base de la soledad, el desamparo, el insaciable deseo de autoridad, del miedo, de la angustia mística, de la miseria sexual, de la rebelión impotente así como de una resignación artificial y patológica. Los seres humanos han adoptado una actitud hostil a lo que está vivo dentro de sí mismos, de lo cual se han alejado. Esta enajenación no tiene un orígen biológico, sino social y económico. No se encuentra en la historia humana antes del desarrollo del orden social patriarcal. (…)
El proceso sexual, o sea, el proceso de expansión del placer, es el proceso vital productivo per se. (…)
Ninguna otra parte de mi teoría ha hecho peligrar más mi existencia y mi trabajo que la afirmación de que la autorregulación es posible, existe naturalmente y es susceptible de una expansión universal.(…)
La represión sexual infantil sirve a la función de mantener más fácilmente a los seres humanos en un estado de sometimiento, al igual que la castración de los potros y toros sirve para asegurarse bestias de carga. (…)
El descubrimiento freudiano de la sexualidad infantil y del proceso de represión sexual representaba, hablando en términos sociológicos, la primera vez que se tomaba conciencia de que durante muchos miles de años se había negado el sexo. (…)
En los comienzos de la historia, la vida sexual humana seguía leyes naturales que ponían los fundamentos de una socialidad natural. Desde entonces, el período del patriarcado autoritario de los 4 mil a 6 mil últimos años, ha creado, con la energía de la sexualidad natural reprimida, la sexualidad secundaria, perversa, del hombre de hoy.
WILHELM REICH
La Función del Orgasmo
[subrayados de él]
Es necesario reconstruir la contradicción hombre-mujer a partir de la negación del cuerpo de la mujer, y por tanto, lo que en el psicoanálisis tradicional aparece como problema de enfermedad, de neurosis, de desadaptación, etc., se convierte… en una contradicción material. La mujer se encuentra desde el principio sin una forma propia de existir, como si el existir de la mujer se hallase ya incluído en una forma de existencia (mujer, madre, hija, etc.) que la niegan en cuanto a mujer. Ser madre significa existir y usar el propio cuerpo en función del hombre, y por lo tanto una vez más carecer del sentido y del valor del propio cuerpo y de la propia existencia a todos los niveles. Esta negación de sí misma es interiorizada a niveles tan profundos que es como si las mujeres, a lo largo de toda su historia no hiciesen más que repetir esta experiencia de autodestrucción. Por eso, el discurso sobre la violencia masculina, sobre la vejación, sobre la dominación, sobre los privilegios, etc. seguirá siendo un discurso abstracto si no se tiene en cuenta el aspecto interiorizado de la violencia, la violencia como negación de la propia existencia. La negación de sí misma empieza a funcionar desde el nacimiento, a partir de la primera relación con la madre, donde la madre no está presente como mujer con su cuerpo de mujer, sino que está allí como mujer del hombre, para el hombre. (…)
El hecho de que la niña viva la relación con la persona de su sexo sólo a través del hombre, con esta especie de filtro que hay entre ella y la madre, es la razón más profunda de la división que encontramos entre una mujer y otra mujer; las mujeres estamos divididas en nuestra historia desde siempre, no sólo porque cada una de nosotras está unida socialmente al propio marido, a los propios hijos –éste es el aspecto visible de la separación–, la división se da a un nivel más profundo, al no conseguir mirarnos la una a la otra, al no ser capaces de contemplar nuestro cuerpo sin tener siempre presente la mirada del hombre. (…)
En un artículo en ‘L’Erba Voglio’… insistía en la relación interrumpida con la madre, o en cualquier caso deformada desde el principio precisamente porque la madre no es la mujer, sino ‘la madre’, es decir, la mujer del hombre. Del hecho de que la mujer no encuentra en la relación con la madre el reconocimiento de su propia sexualidad, del propio cuerpo, procede después toda la historia sucesiva de la relación con el hombre como relación donde la negación de todo lo que tú eres, de tu sexualidad, de tu forma de vida, ya se ha producido.
LEA MELANDRI
La infamia originaria
[subrayados de ella]
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